Katie Zacharia duró cinco días como portavoz de la Casa Blanca. Su caída se entiende mejor mirando a los hombres que siguen en sus despachos que mirando su cara.
El 10 de octubre, un día después de que Donald Trump la nombrara portavoz, ya circulaban comparativas entre fotos de Katie Zacharia de 2013 y fotos de ahora. Todavía no había pisado el atril. Su cuerpo ya era noticia.
Dio una sola rueda de prensa, el martes 13, de catorce minutos y pegada al guion. Cuando le preguntaron dónde había aprobado el examen de abogacía contestó que en China, y dos días después admitió que no tenía licencia para ejercer. En una entrevista con Jack Posobiec dijo que en China no había ni retretes decentes, y la portavoz de Exteriores china, Mao Ning, la invitó a visitar el país más a menudo. El viernes 16 Trump le sugirió en público que se lo pensara. Salió ese mismo día. Venía de asesorar en comunicación a Trump Media & Technology Group, la empresa que opera Truth Social.
Ocho mujeres llegaron a cargos con rango ministerial en este segundo mandato. En la primavera de 2026, cuatro dimitieron o fueron destituidas en unos tres meses, Pam Bondi, Kristi Noem, Lori Chavez-DeRemer y Tulsi Gabbard, y las cuatro fueron sustituidas por hombres. Hoy quedan cuatro mujeres en veintitrés puestos de ese rango, un 17,4 % según el Center for American Women and Politics de la Universidad Rutgers. Kathryn Dunn Tenpas, de la Brookings Institution, que sigue estos nombramientos desde Reagan, dijo no haber visto nunca que la primera tanda de salidas de un gabinete fuera toda de mujeres. fuente
Cuatro mujeres con rango ministerial cayeron en unos tres meses, y las cuatro fueron sustituidas por hombres.
Contar a los que se quedan
Antes de hablar de patrón hay que leer los expedientes. Bondi gestionó mal los archivos de Epstein. Chavez-DeRemer dimitió con una investigación abierta por mala conducta. Debbie Walsh, que dirige el propio centro de Rutgers, dijo en abril a Axios que esas marchas tenían razones válidas, y el medio recordaba que las tres primeras cargaban con presión de los dos partidos. Leído así, contar despidos por sexo sería lo que la derecha reprocha al feminismo, mirar la etiqueta en lugar del caso. fuente
El argumento aguanta mientras cada salida se mira por separado. Deja de aguantar cuando se mira a quien no salió. Kash Patel sigue al frente del FBI pese a las acusaciones de beber en exceso y de usar un avión de la agencia para viajes privados, que él niega. Pete Hegseth compartió planes de ataque en un chat de Signal y sigue en Defensa. El sesgo no se ve en quién cae, se ve en quién se queda.
El sesgo no se ve en quién cae, se ve en quién se queda.
Noem tampoco merece defensa por haber caído. Fue la cara de las deportaciones masivas, y su salida alivia a cualquiera que se tome en serio la dignidad de las personas migrantes. Se puede celebrar que se vaya y leer a la vez la asimetría de su caída, que es lo que hizo la congresista Jasmine Crockett al decir que Trump tira bajo el autobús a las mujeres incompetentes mucho antes que a los hombres incompetentes.
La pantalla como cantera
Miren Gutiérrez, de la Universidad de Deusto, encuentra el precedente en la Italia de 2008. Silvio Berlusconi, semanas después de burlarse del Gobierno de Zapatero por demasiado rosa, nombró a cuatro mujeres en un gabinete de veintiuno. Al año siguiente propuso como posibles candidatas europeas a unas dos docenas de mujeres llegadas de la televisión. La politóloga Sofia Ventura, desde una fundación de la propia derecha, llamó a aquello velinismo, por las azafatas decorativas de sus cadenas. fuente
Debajo de la comparación hay un hecho de propiedad. Berlusconi era el dueño de Mediaset, la televisión de las veline. Trump es el accionista principal de la empresa de la que salió Zacharia, que antes había sido comentarista en Fox News y en Newsmax. En los dos casos el líder recluta en una pantalla que controla, y esa pantalla fija qué aspecto tiene una mujer de confianza. La estética de la que tanto se habla viene después de la propiedad y depende de ella.
Berlusconi era el dueño de Mediaset, la televisión de las veline. Trump es el accionista principal de la empresa de la que salió Zacharia.
La pantalla recluta también hombres, y eso complica la tesis. Hegseth presentaba un programa de fin de semana en Fox. La diferencia aparece después. A él la televisión lo llevó al Pentágono y ningún escándalo lo ha sacado de allí. Tampoco la escasez de mujeres capaces explica nada. En aquel gabinete italiano de 2008 se sentaba Giorgia Meloni, con 31 años, hoy primera ministra. La extrema derecha sabe fabricar una líder cuando le conviene; con las otras ministras el criterio de selección era otro.
Lo que sabemos y lo que no
Gutiérrez apoya su lectura en el precipicio de cristal (glass cliff), la tendencia que Michelle Ryan y Alex Haslam describieron en 2005 a nombrar mujeres para puestos con alto riesgo de fracaso. Noem en las deportaciones, Linda McMahon encargada de cerrar su propio departamento. El encaje parece perfecto, y la evidencia es más modesta que el encaje. El metaanálisis de Thekla Morgenroth y su equipo, publicado en Psychological Bulletin en 2020, encontró un efecto pequeño en los estudios con datos reales, que depende del ámbito, y uno más claro en los experimentos de selección, donde a las mujeres se las elige más en tiempos de crisis, y más cuanto mayor es la desigualdad de género del país. Es evidencia robusta pero discutida, todavía lejos del consenso. fuente
Y solo cubre la mitad del fenómeno, la de quién acaba colocada en el borde. Sobre a quién se empuja después hay mucha menos investigación, y con dos gobiernos y una docena de nombres no hay estadística posible. Que Trump y Berlusconi siguieran el mismo patrón por sistema es una hipótesis plausible, la que mejor encaja con lo que hay. Probarla exigiría una muestra que hoy no existe.
La regla que nos aplicamos
La periodista Inae Oh escribió en Mother Jones que la cara Mar-a-Lago no salvaría a Zacharia, y se detuvo en sus tirabuzones y en sus tacones. Lo importante de su texto, que los hombres con escándalos iguales o peores siguen intactos, quedó en un inciso, como señala Gutiérrez.
En esta casa tenemos escrita una línea que no se cruza: se combaten ideas, decisiones y actos de poder, nunca el cuerpo, el aspecto, la salud ni la familia de nadie. La regla protege también la puntería. Cada chiste sobre unas pestañas confirma la doctrina que dice combatir, la que mide el valor público de una mujer en la pantalla.
La crítica útil cabe en dos columnas. En una, cada salida con el escándalo que la motivó. En la otra, los escándalos equivalentes de quienes siguen en el cargo. Para rellenarlas no hace falta ninguna foto.
Las comparativas del 10 de octubre ponían dos fotos de la misma cara. La comparación que importa pone dos expedientes, uno junto al otro, y pregunta por qué solo uno acabó en la calle.
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Fuentes e investigación asistida por IA
The New York Times, reproducido por The Philadelphia Inquirer, «The disappearing women of the Trump administration», 15 de octubre de 2026. fuente
Axios, «Trump’s 2.0 Cabinet welcomed women, but they’ve been the first to leave», 21 de abril de 2026. fuente
Miren Gutiérrez (Universidad de Deusto), «De Berlusconi a Donald Trump: los líderes que eligen mujeres destinadas a caer», The Conversation, 19 de octubre de 2026. fuente
Thekla Morgenroth, Teri A. Kirby, Michelle K. Ryan y Antonia Sudkämper, «The who, when, and why of the glass cliff phenomenon: A meta-analysis of appointments to precarious leadership positions», Psychological Bulletin, septiembre de 2020. fuente

Médico de urgencias hospitalarias con varias décadas en la trinchera. Escribe sobre medicina, filosofía y lo que queda cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.