Los responsables de llevar al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial tienen nombres, apellidos, historial judicial y teología identificable. Conviene no olvidarlos.
Entradilla: Las guerras no las fabrican «tensiones geopolíticas». Las fabrican personas con nombres, agendas y patologías del pensamiento perfectamente documentadas. Este artículo las nombra.
Los desastres rara vez son accidentes. Tienen autores. El delirio mesiánico que en la primavera de 2025 estuvo a pocas horas de desencadenar una guerra regional de escala incalculable no fue obra del destino ni de fuerzas oscuras e inidentificables. Fue obra de una coalición de hombres específicos, con historial documentado, declaraciones verificables y, en varios casos, procesos judiciales abiertos. Nombrarlos no es incitar al odio: es la obligación mínima del periodismo y la filosofía política.
Empecemos por donde siempre se debería empezar: los hechos.
El núcleo israelí: cuando la teología se convierte en mandato de exterminio
Benjamin Netanyahu lleva décadas construyendo su narrativa. Lo que diferencia este ciclo de todos los anteriores es que en octubre de 2023, ante las cámaras del mundo, el primer ministro de un Estado con capacidad nuclear invocó el mandato bíblico más explícitamente genocida del Antiguo Testamento. «Ustedes deben recordar lo que los amalecitas les hicieron, según nuestra sagrada Biblia», dijo Netanyahu al anunciar la invasión terrestre de Gaza, citando Samuel 15:3, el versículo que ordena matar «al hombre y a la mujer, al niño y al lactante». No es una metáfora retórica. Es la selección deliberada, de entre los más de 23.000 versículos del Antiguo Testamento, de aquel que prescribe el exterminio total, sin excepción de edad ni sexo. La comparación no fue casual: los sionistas han usado esta retórica contra los palestinos durante décadas, mucho antes que Netanyahu. Lo que ha cambiado es que ahora quien la pronuncia gobierna un ejército real con armamento nuclear.
«Netanyahu eligió, entre más de 23.000 versículos del Antiguo Testamento, precisamente aquel que ordena matar al hombre y a la mujer, al niño y al lactante. La selección no fue accidental.»
La Corte Internacional de Justicia ha escuchado esa cita como parte del expediente de genocidio presentado por Sudáfrica. Netanyahu tiene una orden de arresto de la Corte Penal Internacional pendiente de ejecución. El hombre que invocó a Amalek desde Tel Aviv lleva cuatro décadas, según sus propias palabras, esperando este momento. Su coalición de gobierno solo es posible gracias a dos ministros cuya ideología haría sonrojar, si aún les quedara pudor, a cualquier gobierno occidental.
Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, es el resultado de décadas de impunidad israelí con su extremismo. Se afilió en su juventud al partido Kach, declarado ilegal por sus propuestas racistas y cuya ideología inspiró la masacre de la mezquita de Hebrón en 1994, en la que Baruch Goldstein asesinó a 29 palestinos en oración. Fue condenado por incitación al racismo y apoyo a una organización terrorista antes de los treinta años. Ben-Gvir no es solo un provocador: es un converso declarado del pensamiento de Meir Kahane, el ideólogo de la supremacía judía cuyo partido fue prohibido tanto en Israel como en Estados Unidos como organización terrorista. Hoy dirige el cuerpo de policía y los servicios penitenciarios israelíes.
En marzo de 2024, después de que soldados israelíes dispararon sobre una multitud de civiles palestinos que buscaban alimentos en un convoy humanitario, matando a más de 112 personas, Ben-Gvir elogió abiertamente a las fuerzas armadas. En julio de 2025 pidió públicamente el asesinato del presidente sirio. En septiembre de ese año, Ben-Gvir y su colega Smotrich fueron sancionados por España y los Países Bajos, quedando vetados en todo el espacio Schengen.
Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas y responsable directo de la política civil en Cisjordania, es quizás el caso más perturbador porque combina racismo de alta intensidad con una posición formal sobre la vida de seis millones de palestinos. Se define a sí mismo como «un fascista homófobo», descripción que no ha dado lugar a ningún tipo de consecuencia en el gobierno israelí. Sugirió que dejar morir de hambre a los habitantes de Gaza podría ser «justificado y moral», declaración que el derecho internacional humanitario califica sin ambigüedades como crimen de guerra. Tras el pogromo de colonos israelíes en la ciudad cisjordana de Huwara en febrero de 2023, declaró que Israel debería «borrar» esa ciudad del mapa.
«Smotrich se define a sí mismo como “un fascista homófobo”. Esa autodefinición no ha tenido consecuencia alguna en su cargo ministerial.»
La dependencia de Netanyahu de estos dos hombres no es circunstancial. Sus partidos controlan 20 de los 67 escaños de la coalición gobernante, lo que les otorga poder de veto sobre cualquier decisión. En la práctica, quien diseña la política exterior e interior de Israel no es solo Netanyahu: es también la ideología del sionismo mesiánico radical que Smotrich y Ben-Gvir encarnan.
Los rabinos: la teología del exterminio con nombre y apellido
El extremismo israelí tiene su dimensión eclesiástica, que no suele aparecer en los informativos occidentales pero que constituye la base doctrinal de la violencia.
El rabino Yitzhak Shapira, habitante del asentamiento de Yitzhar —descrito como el más extremista de Cisjordania—, es coautor junto con el rabino Yosef Elitzur del libro Torat ha-Melekh («Las enseñanzas del rey»). En ese texto, los dos rabinos sostienen que la ley judía permite matar civiles e incluso niños, dado que los descendientes de Amalek «heredan el odio» de sus padres y representan un «peligro futuro». El libro afirma textualmente que «hay razones para matar a los niños palestinos y árabes si existe la evidencia de que, al crecer, nos dañarán». Este documento no es una publicación marginal de uso académico: circula en escuelas talmúdicas radicales de los asentamientos financiadas con dinero público israelí, y entre grupos de soldados en activo.
El rabino Dov Lior, jefe de una yeshiva Hesder —institución religiosa cuyos alumnos combinan estudios teológicos con servicio militar privilegiado— firmó la aprobación formal de ese libro. Es también el mismo rabino que en 1995 declaró al primer ministro Yitzhak Rabin como «Rodef» (asesino potencial) y «Moser» (traidor) según la ley religiosa judía, legitimando su asesinato. El estudiante que mató a Rabin era seguidor de sus enseñanzas.
El rabino Shmuel Eliyahu, jefe de los rabinos de la ciudad de Safed, publicó que «el ejército israelí, en vez de arrestar a palestinos, debe ejecutarlos. No debe dejar a nadie con vida». Llegó a exigir el procesamiento de los oficiales de policía que dejaran vivo a algún palestino detenido.
Estas no son figuras marginales sin audiencia. Son la base teológica sobre la que opera parte del ejército más avanzado tecnológicamente de Oriente Medio.
El bloque estadounidense: nacionalismo cristiano, cinismo extractivo y delirio mesiánico
Lo que diferencia el ciclo 2024-2025 de escaladas anteriores es la naturaleza del equipo instalado en Washington. No estamos ante halcones neoconservadores con doctrina de seguridad nacional discutible. Estamos ante algo más difícil de gestionar analíticamente: una convergencia de fundamentalismo religioso, narcisismo de poder y codicia sin disimulo.
Donald Trump amenazó públicamente con destruir puentes, centrales eléctricas y plantas de tratamiento de agua iraníes. Esos objetivos tienen un nombre preciso en el derecho internacional: infraestructuras civiles cuya destrucción deliberada constituye crimen de guerra según el Convenio de Ginebra. El mensaje lo publicó en su red social personal con un lenguaje que combinaba la obscenidad con el delirio mesiánico: «Abrid el puto estrecho, bastardos locos, o viviréis en el infierno. ¡Alabado sea Alá!». Ese no es el lenguaje de la diplomacia ni de la disuasión estratégica. Es el lenguaje de alguien que ha confundido la presidencia de Estados Unidos con un episodio de televisión en horario de máxima audiencia.
Pete Hegseth, secretario de Defensa, convocó un servicio religioso en el Pentágono el 25 de marzo de 2025 en el que pidió a Dios que «rompa los dientes» de los enemigos «malvados» que «no merecen misericordia». Lleva tatuado «Deus Vult» —Dios lo quiere—, el grito de batalla de las Cruzadas medievales. En 2018, en Jerusalén, describió como «milagro» la creación del Estado de Israel y apoyó explícitamente la construcción del Tercer Templo sobre la Explanada de las Mezquitas. Esa propuesta, conviene subrayarlo, implicaría la demolición de la mezquita Al-Aqsa, tercer lugar más sagrado del islam. El hombre que dirige el Pentágono no ha publicado una doctrina de seguridad nacional. Ha publicado una teología de guerra santa.
«El hombre que dirige el Pentágono lleva tatuado “Deus Vult” y convocó rezos para que Dios “rompa los dientes” de los enemigos. Esto no es una doctrina de seguridad nacional: es una teología de Cruzada.»
John Hagee, pastor de la megaiglesia Cornerstone de San Antonio y fundador de Christians United for Israel —organización con diez millones de miembros y más de 2,5 millones de dólares gastados en cabildeo ante el Congreso desde 2016—, celebró el inicio de los bombardeos como «brillante ejecución» de los planes divinos. Hagee es un dispensacionalista cristiano: cree que la destrucción de Irán y el control israelí de Oriente Medio son pasos teológicamente necesarios para el regreso de Cristo. La catástrofe humana no es un efecto colateral de sus planes: es el objetivo.
Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel, es un sionista cristiano que niega la existencia del pueblo palestino y ha declarado que «estaría bien si Israel se lo quedara todo», refiriéndose a gran parte de Oriente Medio bajo interpretación bíblica de fronteras. Es el representante diplomático oficial de Estados Unidos en el país.
Lindsey Graham, senador republicano, tuvo al menos la honestidad del cinismo: «Cuando este régimen caiga, tendremos un nuevo Oriente Medio y ganaremos una tonelada de dinero». No hay en esa frase ni una sola mención a la seguridad, la democracia o los derechos humanos. Solo hay petróleo y rentabilidad.
La psicología del apocalipsis colectivo
Hablar de «problemas psiquiátricos» de estos líderes con rigor clínico exige matices que la urgencia editorial a veces dificulta. Ninguno de ellos tiene, que sepamos, un diagnóstico formal que haya trascendido al dominio público. Pero la psicología política lleva décadas describiendo los patrones cognitivos que hacen posibles las decisiones más destructivas.
Lo que une a esta coalición no es una doctrina compartida. Es una convergencia de estructuras de pensamiento que la psicología política reconoce con precisión: el pensamiento apocalíptico —la creencia de que el presente es el momento culminante de la historia cósmica—, el narcisismo de misión —la certeza de que uno mismo es el agente elegido de esa culminación—, y la deshumanización del adversario, mecanismo sin el cual ninguna violencia masiva ha sido históricamente posible.
Netanyahu lleva décadas construyendo una identidad política sobre la amenaza existencial. Hagee necesita la guerra porque sin ella su teología colapsa. Hegseth ha fundido identidad militar y religiosa hasta hacer indistinguibles la espada y la cruz. Trump mide todo en impacto mediático, incluyendo el umbral de la guerra nuclear. Graham ha racionalizado la destrucción como modelo de negocio.
«Lo que une a esta coalición no es una doctrina de seguridad. Es una mezcla de profecía apocalíptica, supremacismo étnico-religioso y codicia sin freno democrático.»
Esto no exime de responsabilidad a nadie. Al contrario: la hace más nítida. Estos hombres no son víctimas de sus creencias. Son sus promotores activos, con poder real y consecuencias verificables.
La versión más honesta del argumento contrario dice…
…que Israel tiene derecho a la autodefensa tras el 7 de octubre, y que Estados Unidos tiene obligaciones de seguridad con un aliado democrático. Ese argumento merece ser escuchado en su totalidad. El 7 de octubre fue una masacre real. La seguridad de Israel es una preocupación legítima de la diplomacia internacional.
Pero ninguna de esas premisas justifica la invocación del mandato de exterminio total de Amalek para describir a una población civil. Ninguna justifica la presencia de un ministro de Defensa con «Deus Vult» tatuado convocando plegarias bélicas desde el Pentágono. Ninguna justifica que un pastor millonario que necesita el Apocalipsis para que su teología funcione tenga acceso directo a la política exterior estadounidense. El derecho a la defensa no incluye el derecho a la guerra santa. La distinción es la diferencia entre la democracia liberal y el Estado confesional violento.
Una cosa sobre el daño: para prevenirlo hay que nombrarlo antes de que llegue, no después de que ocurra. El nombre del daño que casi desencadenó la Tercera Guerra Mundial tiene apellidos concretos: Netanyahu, Ben-Gvir, Smotrich, Trump, Hegseth, Hagee, Huckabee, Graham. Y tiene teologías identificables: el sionismo mesiánico, el dispensacionalismo cristiano, el nacionalismo cruzado y el cinismo extractivo que confunde la geopolítica con un modelo de negocio.
Nombrarlos no es odio. Es la obligación de quienes creemos que la política debe ser un asunto de ciudadanos racionales, no de profetas armados.
Referencias
Netanyahu, B. (28 de octubre de 2023). Discurso de anuncio de la invasión terrestre de Gaza. Transmisión televisada, Tel Aviv.
La Jornada (30 de octubre de 2023). “Convocó Netanyahu a una guerra santa de aniquilación en Gaza.” https://www.jornada.com.mx/noticia/2023/10/30
Shapira, Y. y Elitzur, Y. (2009). Torat ha-Melekh (“Las enseñanzas del rey”). Yitzhar, Cisjordania.
Al Jazeera (10 de junio de 2025). “UK and allies sanction Israeli ministers Ben-Gvir and Smotrich.” https://www.aljazeera.com/news/2025/6/10
Time Magazine (10 de junio de 2025). “Why the UK and Allies Sanctioned Israeli Ministers Ben-Gvir and Smotrich.” https://time.com/7292990
Excélsior (31 de julio de 2025). “Smotrich y Ben-Gvir: quiénes son los ideólogos extremistas detrás del conflicto en Gaza.” https://www.excelsior.com.mx/global/smotrich-ben-gvir-extremistas-israel-gaza/1730175
Avnery, U. (2011). “Los ayatolás judíos.” M’Sur / Gush Shalom. https://msur.es/opinion/avnery-ayatolas-judios/
HispanTV. “Rabino israelí insta a militares a no dejar vivos a palestinos.” https://www.hispantv.com/noticias/asia-occidental/202367/rabino-israeli-matar-palestinos-eliyahu
El Cohete a la Luna (abril de 2025). “Pogromos en Palestina.” https://www.elcohetealaluna.com/pogromos-en-palestina/

Médico de urgencias hospitalarias con varias décadas en la trinchera. Escribe sobre medicina, filosofía y lo que queda cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.





