Manifiesto Humanismo MAX

MANIFIESTO HUMANISMO MAX

Doce principios para una dignidad extendida

RedBeta.org — Febrero de 2026


1. Un espectro recorre el siglo XXI: el espectro del colapso anunciado. Siete de las nueve fronteras planetarias han sido transgredidas. Los glaciares se retiran, los océanos se acidifican, la sexta extinción masiva avanza mientras contemplamos las pantallas de nuestros teléfonos. Mientras tanto, una nueva forma de poder se consolida: el tecnofeudismo, plataformas digitales que funcionan como feudos algorítmicos donde los usuarios trabajamos sin saberlo, generando datos que enriquecen a oligarcas tecnológicos mientras nuestras democracias se erosionan. Y en los intersticios de ambas crisis prosperan ideologías que parecían extintas: la Ilustración Oscura, el neorreaccionarismo, el aceleracionismo de derechas —continuaciones del proyecto fascista con estética actualizada—. Nombres técnicos para una regresión civilizatoria que amenaza las conquistas éticas de los últimos tres siglos. Ante este panorama, el Humanismo MAX emerge no como otra utopía abstracta, sino como respuesta necesaria: anticapitalista porque el capitalismo es incompatible con la dignidad humana y la supervivencia planetaria, igualitaria porque la desigualdad extrema es patología social, ecologista porque la Tierra es sistema vivo del que dependemos.

2. Rechazamos el tecnofeudismo emergente: la concentración del poder tecnológico en manos de oligarcas digitales que operan como señores feudales del siglo XXI. Las plataformas no son espacios neutrales: son feudos privados donde cada clic genera valor que no nos pertenece. Rechazamos la Ilustración Oscura de Curtis Yarvin y sus epígonos, que fantasea con ciudades-estado corporativas gobernadas por CEOs sin restricciones democráticas. Rechazamos el aceleracionismo que abraza el colapso como oportunidad para construir jerarquías “naturales” sobre ruinas democráticas. Rechazamos el darwinismo social digital que presenta la desigualdad extrema como meritocracia, la crueldad como eficiencia, el sufrimiento como incentivo. Rechazamos la falacia de las jerarquías naturales, que curiosamente siempre justifica los privilegios de quienes la proponen. Y señalamos con claridad la continuidad histórica: del fascismo al franquismo, del nazismo a sus herederos contemporáneos —Vox, Le Pen, Meloni, AfD, el trumpismo—, el proyecto autoritario muta de forma pero mantiene su núcleo: desprecio por la igualdad, odio a la diferencia, culto a la fuerza. El antifascismo no es posición opcional: es condición de cualquier proyecto humanista.

3. Rechazamos el extractivismo sin límites que trata al planeta como recurso inagotable, que externaliza costos ambientales hacia el futuro y hacia el Sur Global. La Tierra no es objeto a explotar sino sistema vivo con derechos propios, límites que no pueden transgredirse, equilibrios de los que dependemos. Rechazamos la retórica del “crecimiento verde” cuando encubre continuidad extractiva con maquillaje ecológico: el crecimiento infinito en planeta finito es contradicción que ninguna tecnología resolverá. Rechazamos las políticas del daño que naturalizan el sufrimiento humano como herramienta de gestión social: recortar ayudas para “incentivar el trabajo”, endurecer condiciones laborales para “aumentar productividad”, criminalizar la pobreza para “desincentivarla”. Estas no son políticas pragmáticas: son crueldad organizada que transforma fallos estructurales en responsabilidad individual. Rechazamos los populismos —vengan de izquierda o derecha— que erosionan instituciones democráticas para concentrar poder en líderes carismáticos; pero distinguimos la estructura populista de sus bases sociales, que expresan malestar legítimo ante un sistema que las abandona. Rechazamos el relativismo extremo que equipara ciencia con opinión y desarma la posibilidad de distinguir acierto de error.

4. Afirmamos una dignidad que trasciende las fronteras del humanismo tradicional sin abandonar su núcleo. Hacia lo más-que-humano: reconocemos que los ecosistemas, las especies, los territorios poseen valor intrínseco y derechos que no se reducen a recursos para explotación humana. La Tierra es ser vivo que nos sostiene; destruirla es suicidio colectivo. No se trata de misantropía: se trata de comprender que nuestra dignidad está entrelazada con la red de la vida. Hacia las generaciones futuras: reconocemos obligaciones hacia quienes aún no existen, porque nuestras decisiones de hoy condicionan sus posibilidades de vida. Hacia los sistemas que median nuestra existencia: exigimos que quienes diseñan infraestructuras algorítmicas rindan cuentas democráticamente. La dignidad extendida no diluye lo humano: lo sitúa en su red de interdependencias reales y lo compromete con igualdad y equidad como valores irrenunciables —igualdad de dignidad y derechos, equidad en la distribución de recursos y oportunidades, solidaridad como vínculo social fundamental—.

5. Afirmamos derechos humanos universales que no son imposición occidental sino conquista colectiva de la humanidad, revisable y ampliable, pero no negociable en su núcleo: la igual dignidad de toda persona. Este universalismo reconoce diferencias culturales sin hacer de “cada cultura tiene sus valores” excusa para tolerar opresión. Los derechos de las mujeres no son “imposición occidental” cuando las mujeres de todas las culturas los reclaman. La tortura no se vuelve aceptable por tener pedigrí tradicional. Afirmamos que la democracia es valiosa no porque sea eficiente —a menudo no lo es— sino porque reconoce la igual dignidad de participación en las decisiones que afectan nuestras vidas. Las instituciones democráticas actuales están anquilosadas, capturadas por élites económicas, insuficientes para los desafíos del siglo XXI. No las defendemos tal como son: exigimos su evolución radical hacia formas más participativas, más sociales, más capaces de controlar poderes económicos y tecnológicos. Profundizar democracia con asambleas ciudadanas, presupuestos participativos, auditorías algorítmicas y control democrático de sectores estratégicos. Democracia no es votar cada cuatro años: es participación efectiva en todas las decisiones que afectan nuestras vidas.

6. Afirmamos que el capitalismo no es sistema imperfecto que requiere regulación: es lógica estructural incompatible con la dignidad humana y la supervivencia planetaria. Genera desigualdad extrema, alienación, enfermedad mental, destrucción ecológica y reducción de la vida a mercancía. El Humanismo MAX no busca humanizar el capitalismo —proyecto fracasado de la socialdemocracia— sino superarlo mediante transición justa hacia formas económicas basadas en cooperación, comunes y redistribución radical de la riqueza. Esto no es odio de clase: es reconocimiento de que las clases existen, de que sus intereses son estructuralmente antagónicos bajo el capitalismo, y de que la emancipación humana requiere superar esta división. No queremos invertir la pirámide sino abolirla. Los servicios esenciales —salud, educación, vivienda, agua— no pueden depender de capacidad de pago: son condiciones de posibilidad para una vida digna. Los datos que generamos colectivamente no deben ser propiedad privada de plataformas que los extraen sin compensación ni control democrático. Afirmamos redistribución estructural: impuestos progresivos globales, límites a la acumulación de riqueza, fin de paraísos fiscales, renta básica universal. No caridad: justicia distributiva. La riqueza es producción social; su apropiación privada ilimitada es robo legalizado.

7. Afirmamos el decrecimiento selectivo: menos producción material superflua, menos consumo de recursos no renovables, menos horas de trabajo alienado, menos publicidad que fabrica deseos artificiales. Y simultáneamente: más tiempo libre para cuidados, creatividad y participación cívica, más restauración ecosistémica, más calidad de relaciones frente a cantidad de posesiones, más bienestar medido en florecimiento humano y no en PIB. Esta no es promesa de abundancia infinita: es liberación de la tiranía del más, sustitución de cantidad por calidad, reconocimiento de que lo suficiente puede ser plenitud. La respuesta no es austeridad generalizada sino decrecimiento de lo que destruye y redistribución radical de lo necesario. El capitalismo produce no solo desigualdad económica sino enfermedad colectiva: alienación, ansiedad, depresión, adicciones, soledad epidémica, pérdida de sentido. Estas son patologías sistémicas de una organización social que reduce personas a capital humano, relaciones a transacciones, y valor a precio. La salud mental colectiva requiere transformación de las condiciones materiales que la destruyen.

8. Combatimos a nuestros adversarios intelectuales con argumentos, no con descalificaciones. Practicamos el steel man: criticar la versión más sólida del argumento contrario, no la caricatura. Cuando Yarvin propone soberanía absoluta de CEOs, respondemos: la eficiencia sin justicia es tiranía. Cuando argumentan que las jerarquías son “naturales”, respondemos: las jerarquías que se proclaman naturales curiosamente siempre justifican privilegios de quienes las proponen. Cuando el aceleracionismo celebra destrucción como oportunidad, respondemos: la velocidad sin dirección ética es nihilismo con pretensiones filosóficas. Cuando el neoliberalismo defiende dictaduras eficientes, respondemos: ninguna eficiencia económica justifica tortura ni desaparición forzada —ni Pinochet, ni Videla, ni Franco—. Cuando las pseudociencias se presentan como medicina, respondemos: la evidencia importa, las pseudociencias matan, la diferencia entre conocimiento y charlatanería no es cuestión de opinión. Señalamos sin ambigüedad: nazismo, fascismo, falangismo y sus herederos contemporáneos son enemigos de la humanidad, no interlocutores legítimos.

9. Construimos coaliciones transversales entre ecologismos radicales, feminismos interseccionales, movimientos de soberanía de datos, cooperativas tecnológicas, luchas decoloniales del Sur Global, sindicalismos combativos, sectores progresistas de partidos tradicionales y comunidades de base que practican alternativas locales. Estas alianzas no requieren acuerdo total: requieren enemigos comunes claros, respeto a autonomías diversas, disposición a aprender mutuamente. Compartimos con las tradiciones emancipatorias sus valores nucleares —igualdad, equidad, solidaridad, antifascismo, feminismo, internacionalismo— mientras rechazamos sus derivas: dogmatismos que impiden aprender, vanguardismos que desprecian a las bases, sectarismos que imposibilitan alianzas. Operamos contrahegemonía cultural: desmontar mitos del progreso lineal y el salvacionismo tecnológico, crear narrativas de esperanza realista, desarrollar imaginarios de abundancia suficiente. La batalla cultural es prioritaria porque antes de transformar estructuras hay que transformar sentido común.

10. Construimos ahora instituciones híbridas y experimentación democrática: asambleas ciudadanas con poder decisorio real, presupuestos participativos digitales con auditoría ciudadana, cooperativas de datos comunitarias, proyectos de decrecimiento selectivo local, espacios de formación política que recuperan esperanza colectiva sin ingenuidad. Estas instituciones son laboratorios de futuro que experimentan, fallan, aprenden e iteran. Las “utopías reales” que defendemos —cooperativas, comunes, renta básica, democracia participativa, economía del bien común— no son ensoñaciones sino gérmenes de otro mundo que ya existen y pueden generalizarse. Practicamos resistencia pacífica pero no pasiva: desobediencia civil ante leyes injustas, boicots coordinados a corporaciones extractivas, hackeo ciudadano de infraestructuras opacas, construcción de alternativas que demuestran que otro mundo ya existe en fragmentos dispersos que pueden conectarse. Rechazamos violencia política pero no confundimos paz con obediencia. El pragmatismo que renuncia a transformar se convierte en gestión del desastre.

11. Nos comprometemos con rigor sin pedantería. Distinguimos consenso científico sólido de evidencia debatida, hipótesis plausible de especulación informada, todo ello de opinión personal. Nunca presentamos un nivel como otro: la honestidad epistémica es condición de credibilidad. Reconocemos que podemos equivocarnos y que nuestras posiciones son revisables ante nueva evidencia. El Humanismo MAX está en beta permanente: se actualiza, se corrige, evoluciona. Pero falibilismo no es parálisis ni equivalencia falsa: no hay simetría entre proyectos emancipatorios con errores y proyectos de dominación con éxitos; los crímenes del estalinismo no exculpan los del nazismo ni viceversa. Actuamos con la mejor información disponible, dispuestos a rectificar. No fingimos neutralidad. Tenemos valores claros: dignidad humana, igualdad, equidad, democracia, justicia, verdad, sostenibilidad ecológica. Distinguimos entre valores que defendemos y hechos que describimos, pero reconocemos que la selección de qué estudiar ya implica valores. La objetividad no es ausencia de perspectiva: es honestidad sobre la perspectiva desde la que se observa.

12. El futuro no está escrito. Los profetas del colapso tienen razones para su pesimismo, pero el pesimismo no es realismo superior. Siete fronteras planetarias transgredidas son diagnóstico grave, no sentencia inapelable. La ventana de acción sigue abierta. Cerrarla sería elección, no destino. No prometemos victoria. Prometemos lucha con sentido, comunidad de propósito, dignidad en la resistencia incluso si los resultados tardan o no llegan. La esperanza no es estado emocional que se tiene o no se tiene: es práctica que se construye actuando como si el futuro dependiera de nuestras acciones. Porque en parte, depende. Reivindicamos el pensamiento utópico como necesidad: quien no imagina alternativas al orden existente lo naturaliza. Invitamos a quienes compartan este diagnóstico a sumarse. No ofrecemos certezas: ofrecemos compañía en la incertidumbre, rigor en el análisis, compromiso con dignidades que se extienden, igualdad que no se negocia, equidad que se construye. El pensamiento está en red. La versión es beta. La humanidad, en construcción.


Firmado en la convicción de que nombrar la oscuridad es el primer paso para defender la luz.

RedBeta.org — Febrero de 2026