Cómo el cofundador de PayPal construye un feudo tecnológico en Honduras mientras se declara “orgulloso de ser gay” ante el partido que persigue a los suyos
Roatán es una isla hondureña que el Caribe envuelve con el segundo arrecife de coral más grande del mundo. Sus playas y su cultura garífuna —afrodescendiente, ancestral, irreductible— la convirtieron en uno de los mejores lugares del planeta según la revista TIME en 2023. Peter Thiel la eligió para su experimento más revelador: una ciudad privada sin democracia, sin soberanía nacional, sin tribunales hondureños, con su propia ley y sus propios jueces. Una colonia sin que nadie se atreva a llamarla colonia.
Eso es Próspera. Y entender Próspera es entender a Thiel. Y entender a Thiel es entender adónde va el mundo cuando los más ricos deciden que la democracia les resulta incómoda.
El armario más caro de la historia
En 2007, un blog de cotilleos tecnológicos llamado Valleywag publicó un artículo de título sin rodeos: “Peter Thiel es totalmente gay, gente.” Su autor, Owen Thomas, él mismo gay, no lo escribió como un ataque sino como una reivindicación: ¿por qué en el Silicon Valley supuestamente progresista nadie hablaba abiertamente de la orientación sexual de uno de sus magnates más influyentes?
Thiel ya era conocido como gay en su círculo más íntimo. No era exactamente un secreto. Pero Thiel no quería esa visibilidad pública. Nueve años después, financió secretamente con diez millones de dólares la demanda del luchador Hulk Hogan contra Gawker —empresa propietaria de Valleywag— por publicar un sex tape del wrestler. Hogan ganó 140 millones. Gawker quebró. El artículo sobre Thiel dejó de existir en internet de la manera más brutal posible: borrando la empresa que lo publicó.
La lógica era la del control absoluto: si el mundo va a saber que soy gay, lo decido yo. Si alguien publica algo sobre mí sin mi permiso, lo destruyo. No con argumentos. Con dinero.
Y así fue. Meses después de la quiebra de Gawker, en julio de 2016, Peter Thiel subió al escenario de la Convención Nacional Republicana y declaró ante millones de espectadores: “Estoy orgulloso de ser gay. Estoy orgulloso de ser republicano. Pero sobre todo, estoy orgulloso de ser americano.” Primera persona abiertamente gay en hablar en una convención republicana en dieciséis años.
El problema era el partido al que estaba apoyando. Ese mismo año, el Partido Republicano aprobó la plataforma más antidiversidad de su historia: oposición al matrimonio igualitario, apoyo a las terapias de conversión para menores, eliminación de protecciones trans en educación. Thiel lo sabía. Thiel donó 1,25 millones de dólares a la campaña de Trump de todas formas. Cuando un periodista le preguntó por los derechos trans, respondió con desdén: “¿Quién se preocupa por qué baño usa alguien?” La respuesta, resultó, era Trump. Y mucho.
Aquí reside la primera y más desnuda contradicción de Thiel: un hombre gay que financió la destrucción del medio que lo sacó del armario, luego se declaró “orgulloso de ser gay” en el escenario del partido que criminaliza a personas como él, y aportó capital y legitimidad a un movimiento que ha revertido derechos LGTBI+ durante años. No es incoherencia. Es algo más calculado: la libertad como privilegio personal, no como principio universal.
“La libertad y la democracia ya no son compatibles”
En 2009, Thiel publicó un ensayo en el Cato Institute que debería leerse como el manifiesto que es. La frase clave, sin ambigüedad posible: “Lo más importante es que ya no creo que libertad y democracia sean compatibles.”
Thiel argumentaba que dos factores habían arruinado la democracia capitalista: el aumento de los beneficiarios de prestaciones sociales y la extensión del voto a las mujeres, a quienes describía como “notablemente duras con los libertarios.” La solución que proponía era encontrar “vías de escape de la política en todas sus formas.” Su esperanza estaba puesta en el ciberespacio, en el espacio exterior y en el seasteading: colonias flotantes fuera de la jurisdicción de cualquier Estado.
Vale la pena hacer aquí el ejercicio del steel man que exige la honestidad intelectual. Los argumentos de Thiel tienen una coherencia interna que merece examinarse en serio antes de rechazarlos. La democracia tiene defectos estructurales reales: el cortoplacismo electoral, la captura por intereses particulares, la incapacidad de gestionar problemas de largo plazo. Los sistemas de toma de decisión masiva pueden producir resultados irracionales. Y, ciertamente, la extensión de derechos —sociales, laborales— puede limitar la libertad económica de quienes prefieren acumular sin restricciones.
Pero la crítica thieliana no llega a ninguna propuesta que mejore la democracia. Llega a la propuesta de escapar de ella. Y escapar de la democracia, cuando lo hace alguien con el poder económico de Thiel, no significa vivir en una isla flotante neutral. Significa construir enclaves donde sus reglas reemplazan a las nuestras, donde su criterio sustituye al voto, donde la eficiencia del capital gobierna en lugar del sufragio universal. La libertad que Thiel defiende es la libertad de los que pueden pagarla. Los demás que se arreglen.
Esto no es tecnocracia bien intencionada con algunos excesos. Es la Ilustración Oscura con pasaporte y capital de riesgo.
Honduras como laboratorio: la anatomía de Próspera
Para entender lo que Thiel quiere construir a escala global, hay que ir a Roatán.
En 2013, tras el golpe de Estado de 2009 que desestabilizó Honduras y abrió el país a la corrupción sistémica del régimen de Juan Orlando Hernández —hoy condenado a 45 años por narcotráfico, luego indultado por Trump—, el Congreso hondureño aprobó la ley de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, conocidas por sus siglas ZEDE. La ley permitía crear enclaves autónomos dentro del territorio hondureño con su propio sistema político y judicial, baja tributación y regulación a la carta. Cuando el Tribunal Supremo declaró inconstitucional una ley similar anterior, el Congreso de Hernández destituyó a los magistrados y aprobó la nueva versión. Así de sencillo.
En 2017, con financiación de Thiel y de Pronomos Capital —dirigida por Patri Friedman, nieto de Milton Friedman, el padre intelectual del neoliberalismo—, nació Próspera en Roatán. Su catálogo de servicios no tiene desperdicio: centro de Bitcoin, terapia génica por 25.000 dólares, implantación subdérmica de mejoras cibernéticas. Mientras tanto, la comunidad garífuna de los alrededores perdía sus tierras y su acceso a la costa. Greicy, una de sus habitantes, lo explicó antes de emigrar a Nueva Orleans huyendo de la violencia policial: “Aunque digan lo contrario, veo que solo se benefician los ricos, sabiendo perfectamente que nosotros los garífunas vivimos de la playa, del turismo, de la pesca y de cultivar nuestros propios alimentos. Pero ahora no nos queda ninguna tierra.”
En 2022, Xiomara Castro ganó las elecciones y derogó la ley de ZEDE. El Congreso hondureño votó por unanimidad que las ZEDE representaban una quiebra de la soberanía nacional. La respuesta de Thiel fue demandar al gobierno de Honduras por 10.700 millones de dólares —aproximadamente dos tercios del presupuesto anual del país— a través de los mecanismos de arbitraje inversor-Estado previstos en los tratados comerciales internacionales. Mecanismos diseñados precisamente para esto: para que el capital privado pueda sancionar a los Estados que intentan recuperar su soberanía por vías democráticas.
El propio economista Paul Romer, cuya teoría de las charter cities inspiró el modelo, denunció públicamente en 2015 que la versión hondureña había traicionado sus principios: en lugar de atraer capital para beneficio local, reconfiguraba el territorio para que los recursos fluyeran hacia inversores externos. Llamó al proyecto deshonesto. Thiel siguió adelante.
Mientras tanto, Palantir —empresa de inteligencia y vigilancia cofundada por Thiel— firmó contratos con ICE, la agencia de inmigración estadounidense, para construir ImmigrationOS: una base de datos masiva que cruza información del IRS, registros de identidad y datos de vigilancia para detectar, rastrear y deportar inmigrantes. Muchos de esos inmigrantes son centroamericanos desplazados por la misma inestabilidad política que crearon los golpes respaldados por EEUU y los modelos económicos extractivos que Thiel promueve. Un detenido trans en un centro del ICE en Luisiana denunció en 2025 que le obligaban a transportar bloques de hormigón como trabajo forzado; cuando lo denunció, sufrió acoso sexual.
Es el mismo Thiel que estaba “orgulloso de ser gay.”
El círculo se cierra con una lógica perversa y perfecta: Thiel construye los instrumentos que desplazan a las personas, y luego construye los instrumentos que las persiguen cuando huyen.
La contradicción que no es tal
Hay una tentación analítica de tratar a Thiel como un caso de incoherencia palmaria: el gay que apoya a los homófobos, el tecnolibertario que usa el poder del Estado cuando le conviene, el defensor de la privacidad que construye la mayor plataforma de vigilancia del planeta.
Pero sería un error. Thiel es perfectamente coherente si se acepta su premisa central: la libertad no es un principio universal. Es un producto de lujo. Lo que Thiel llama libertad es la capacidad de los que tienen suficiente capital para escapar de las reglas que gobiernan a los demás. No le molesta la democracia porque le oprima. Le molesta porque le obliga a compartir el marco normativo con personas que no tienen sus recursos.
Que sea gay y apoye a quienes persiguen a personas LGTBI+ no es hipocresía moral convencional. Es la lógica del privilegio aplicada a la identidad: “Yo puedo ser gay con seguridad porque tengo dinero suficiente para comprar mi protección. Los trans que no pueden pagársela son un problema de ellos, no mío.” Su biógrafo no autorizado Max Chafkin lo retrata como alguien que de niño sufrió bullying por su físico e introversión, cuya ideología “conecta muy bien con jóvenes frustrados y resentidos que sienten que han sido dejados de lado por el sistema.” La diferencia es que Thiel encontró la forma de ser él quien deja de lado al sistema.
Que construya una colonia en Honduras mientras sus sistemas vigilan a los hondureños que emigran tampoco es contradicción. Es el mismo movimiento visto desde dos extremos de la cadena: apropiación de recursos allí, control de los cuerpos aquí.
Lo que Honduras nos enseña sobre el futuro
Próspera no es la rareza excéntrica de un multimillonario con demasiado tiempo libre. Es un prototipo. Proyectos similares se han propuesto o están en desarrollo en California, Guatemala, El Salvador, Nigeria. El mecanismo de arbitraje inversor-Estado que Thiel activa contra Honduras existe en decenas de tratados comerciales y amenaza a cualquier gobierno del Sur Global que intente regular el capital extranjero.
Lo que se prueba en Roatán es si el capital privado puede reemplazar formalmente las funciones del Estado-nación —el sistema judicial, la regulación laboral, la política fiscal— no mediante una revolución ni una invasión, sino mediante la ley de contratos y los incentivos fiscales. Si funciona, el modelo se exporta. De hecho, ya se exporta.
El Congreso hondureño votó unánimemente en contra. Docenas de congresistas estadounidenses, entre ellos Elizabeth Warren, denunciaron el arbitraje como neocolonial. The Atlantic lo llamó por su nombre. El problema es que denunciarlo no es suficiente cuando los mecanismos legales de los tratados comerciales están diseñados para que la democracia no tenga la última palabra. La votación unánime de un Congreso soberano puede valer dos tercios de su presupuesto anual en penalizaciones. Eso se llama chantaje. Cuando lo hace un Estado, se llama invasión. Cuando lo hace una empresa, se llama arbitraje.
Greicy, la mujer garífuna que perdió su tierra y tuvo que emigrar al norte, lo resume con una claridad que ningún análisis académico iguala: “Aunque digan lo contrario, veo que solo se benefician los ricos.” No necesita haber leído a Popper ni a Rawls para entender lo que está pasando. Lo vive en su cuerpo y en el exilio.
El humanismo como respuesta
Hay una pregunta que Thiel nunca se hace en público —y que quizá no se hace en privado— : ¿qué significa ser libre en un mundo donde tu libertad se construye sobre la servidumbre de otros?
La Ilustración no fue solo una serie de textos sobre la razón. Fue el esfuerzo histórico de extender la dignidad más allá del círculo de los privilegiados. De convertir los derechos de los nobles en derechos de todos. Ese proceso está incompleto, sigue incompleto, pero su dirección era correcta: ampliar, no contraer.
Lo que Thiel propone es la inversión exacta de ese proceso. No derechos universales, sino enclaves de privilegio. No democracia imperfecta pero reformable, sino gobierno corporativo sin derecho de voto para quienes viven bajo él. No libertad como principio, sino como mercancía que se vende a 25.000 dólares la dosis de terapia génica.
Puede que la democracia sea ineficiente. También lo era la medicina antes de que existieran los hospitales públicos. La respuesta humana fue inventar los hospitales públicos, no privatizar la salud para quien pudiera pagársela. La respuesta humana ante las disfunciones democráticas es profundizar la democracia, no construir feudos donde no llegue.
Que un hombre gay haya financiado la destrucción del medio que lo sacó del armario, luego se haya declarado orgulloso de su identidad ante el partido que persigue esa misma identidad, y luego haya construido una colonia en el Caribe que desplaza a pueblos indígenas mientras su empresa los vigila cuando huyen, no es una historia sobre incoherencia individual.
Es una historia sobre lo que ocurre cuando el poder deja de necesitar justificarse.
Y esa historia acaba de empezar.
REFERENCIAS
- Romero, E. (2026, 16 febrero). Peter Thiel Is Unleashing a Neocolonial Billionaire Fantasy in Honduras. Truthout. https://truthout.org/articles/peter-thiel-is-unleashing-a-neocolonial-billionaire-fantasy-in-honduras/
- Jacobin Magazine (2023). Billionaires Are Suing the Honduran Government for Blocking Their Profit-Making Scheme. https://jacobin.com/2023/11/honduras-international-law-isds-thiel-prospera-free-market-neocolonialism
- Liberation News (2025). Prosperity—for whom? https://liberationnews.org/honduras-prospera-investment-colony/
- Thiel, P. (2009). The Education of a Libertarian. Cato Unbound. [Trad. esp.: https://www.mises.org.es/2016/07/la-educacion-de-un-libertario/]
- Democracy Now! (2016). Meet Peter Thiel: Trump Taps Billionaire Who Helped Bankrupt Gawker to Speak at RNC. https://www.democracynow.org/2016/7/22/meet_peter_thiel_trump_taps_billionaire
- NBC News (2016). Peter Thiel Makes History at RNC: “I’m Proud to be Gay”. https://www.nbcnews.com/feature/nbc-out/openly-gay-libertarian-tech-entrepreneur-peter-thiel-speak-rnc-n614191
- DM News (2026). Peter Thiel is building a tech neocolonial empire in Honduras, and Trump just helped him do it. https://dmnews.com/j-a-tns-peter-thiel-is-building-a-tech-neocolonial-empire-in-honduras-and-trump-just-helped-him-do-it/

Médico de urgencias hospitalarias con varias décadas en la trinchera. Escribe sobre medicina, filosofía y lo que queda cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
