Cuando un presidente convierte el sufrimiento de millones en doctrina económica y la impunidad en estética de gobierno, el problema no es solo político. Es civilizatorio.
El 1 de marzo de 2026, Javier Milei se presentó ante el Congreso argentino con el tono del profeta que regresa del monte. Habló de “moral como política de Estado”, proclamó el fin del déficit en cien años, evocó la Argentina de finales del siglo XIX como horizonte de grandeza recuperada. Cuatro días antes, la encuestadora AtlasIntel le había asignado un 57% de imagen negativa —su peor registro desde octubre de 2024— y el 55,3% de los argentinos desaprobaba su gestión. La corrupción encabezaba las preocupaciones ciudadanas con el 43,9%, superando por primera vez al desempleo y a la inflación. El Economista
No hay contradicción aquí. Hay un patrón.
El problema no es el insulto. Es la cadena de mando
Hay una tentación comprensible de reducir el fenómeno Milei a sus episodios más estrafalarios: los insultos a periodistas desde redes sociales, la motosierra como símbolo de gobierno, las comparaciones mesiánicas, la comunicación en permanente estado de guerra contra todos. Es tentador porque es fácil, y porque resulta tranquilizador pensar que el problema es el estilo.
El problema no es el estilo. El estilo es la cobertura.
Lo que importa es la cadena que une esa conducta pública —errática, agresiva, narcisista— con decisiones de gobierno que tienen consecuencias medibles en vidas reales. Un presidente que insulta a sus críticos llamándolos “ratas inmundas de la casta” mientras borra tuits comprometedores no es un político excéntrico: es un ejecutivo que ha convertido la intimidación en herramienta de gobierno y la impunidad en argumento filosófico.
Analistas como Eduardo Fidanza han señalado lo que llaman el “dilema del mesías”: Milei oscila entre la figura del profeta iluminado —que desciende con certezas absolutas e irrebatibles— y la del político pragmático que necesita sobrevivir electoralmente. Real Instituto Elcano Esa oscilación genera una imprevisibilidad estructural en el ejercicio del poder que va mucho más allá de lo que cualquier estilo comunicativo podría explicar. La inestabilidad no es actuación. Es el mecanismo de gobierno.
Las políticas del daño: datos, no metáforas
La narrativa oficial de Milei descansa sobre un postulado que merece ser analizado sin concesiones: el ajuste como medicina amarga pero necesaria, el sufrimiento presente como inversión en bienestar futuro. Es la lógica clásica de las políticas del daño: convertir la crueldad estructural en virtud, el recorte en responsabilidad, la precariedad en incentivo.
Los datos disponibles permiten medir ese daño con precisión.
Según el informe Mapa de las Políticas Sociales en Argentina 2025, elaborado por CIAS/Fundar, el primer año de gobierno de Milei representó el mayor ajuste en gasto social no contributivo desde 2002. La inversión en programas para jóvenes y adultos cayó un 39,8% en términos reales. De cada diez pesos que se destinaban a ese segmento, cuatro fueron recortados. Las becas educativas PROGRESAR sufrieron una caída del 63,3%. Fundar Para contextualizar la magnitud: el ajuste de Macri entre 2018 y 2019 fue del 9,28% repartido en dos años. Milei triplicó esa cifra en doce meses.
En salud mental, la geometría del daño es aún más precisa. El presupuesto de la agencia supervisora de servicios de salud fue recortado un 70% en los primeros nueve meses de 2025. El regulador de medicamentos y productos médicos perdió el 28% de su financiación. Los hospitales nacionales vieron caer su presupuesto entre el 30% y el 38%. El Instituto Nacional del Cáncer, que ya había sufrido un recorte del 19% en 2024, dejó de existir en 2025. El único programa federal orientado a la atención comunitaria de salud mental sufrirá, según proyecciones para 2026, un recorte del 91,53%. Open Democracy Eduardo Quiroga, abogado del Programa de Derechos de las Personas con Discapacidad de ACIJ, lo expresó sin ambigüedad: “En un contexto donde la demanda crece, las herramientas del gobierno nacional para apoyar a las provincias deberían expandirse, no contraerse.”
Mientras tanto, Milei hablaba de moral.
$LIBRA: el caso que lo define
El 14 de febrero de 2025, a las 19:01 hora argentina, el presidente Javier Milei publicó en X una recomendación para invertir en el token criptográfico $LIBRA. El activo se había creado tres minutos antes. Cuatro horas después, su cotización se desplomó un 85% en una operación que los analistas identificaron como rug pull: esquema de estafa en el que los creadores inflan el precio artificialmente para luego abandonar el proyecto con las ganancias.
El resultado fue documentado con precisión. El 86% de los inversores que compraron $LIBRA perdieron dinero, con pérdidas totales que alcanzaron los 251 millones de dólares. ANRed Forbes lo calificó como “el mayor robo de criptomonedas de la historia”. Big Bang! News El proyecto provocó 75.000 damnificados en el mundo, mientras que los beneficiados por la estafa se embolsaron casi 300 millones de dólares. La Jornada El fiscal Eduardo Taiano impulsa la primera imputación de Milei en causa federal por abuso de autoridad, estafa, tráfico de influencias y cohecho. En Nueva York se estudia una demanda colectiva millonaria. El FBI y el Departamento de Justicia estadounidenses han recibido denuncias formales.
Lo que el peritaje de la DATIP reveló después agrava la dimensión del escándalo: Milei había sido “capacitador en materia de teoría monetaria respecto de criptomonedas” en la escuela de uno de los implicados, con quien el jefe de Estado mantenía una aceitada relación. El Destape Los dispositivos examinados confirman contactos directos entre Milei, su hermana Karina —secretaria general de la Presidencia— y los involucrados en la estafa, con evidencia de borrado masivo de conversaciones clave.
La respuesta de Milei ante el escándalo fue ilustrativa. Borró el tuit original. Culpó a la “casta”. Acusó a quienes lo investigaban de “aventura golpista”. Comparó a los inversores perjudicados con apostadores de casino: “Si perdés plata, ¿cuál es el problema?” MercoPress
Esto no es falta de empatía. Es doctrina.
Argentina como laboratorio global
El periodista Víctor Hugo Morales, en su editorial del 3 de marzo de 2026, lo formuló con sencillez contundente: la ultraderecha avanza en todo el mundo contra los más vulnerables, arrebatando a las familias cualquier posibilidad de estabilidad. Argentina no es una anomalía. Es el ensayo clínico.
Analistas del Real Instituto Elcano han señalado que Argentina funciona como laboratorio de las políticas que la derecha radical global querría implementar en otros contextos: desmantelamiento acelerado del Estado de bienestar, estetización de la crueldad como eficiencia, liderazgo que convierte la inestabilidad en marca personal y la impunidad en filosofía de gobierno. La conexión de Milei con Trump no es accesoria: es programática. La foto en el “Board of Peace” de la Casa Blanca fue también un sello de calidad para el mercado internacional de la ultraderecha.
Hay que decirlo con claridad: no estamos ante un líder heterodoxo pero funcional. Estamos ante un ejecutivo cuya conducta pública genera riesgo institucional documentable, cuyas políticas producen daño social cuantificado, y cuya relación con la corrupción ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en un expediente judicial con múltiples causas abiertas en dos continentes.
El argumento que merece ser respondido
Sería intelectualmente deshonesto no dar cuenta del argumento más sólido de sus defensores. Milei heredó una economía en estado terminal —inflación interanual del 211%, reservas negativas, déficit galopante— y consiguió estabilizar indicadores macroeconómicos que parecían imposibles de contener. La inflación mensual bajó del entorno del 25% en diciembre de 2023 a cifras por debajo del 2% en momentos del año. El déficit fiscal fue eliminado. Hay argentinos que perciben, por primera vez en años, una estabilidad de precios que habían dejado de esperar.
Ese mérito existe. Y no invalida nada de lo anterior.
La estabilidad macroeconómica conseguida sobre el sufrimiento de los más vulnerables no es éxito de gobierno: es una transferencia de costes hacia abajo. Que jubilados, jóvenes sin becas y personas con discapacidad hayan financiado con sus prestaciones recortadas la corrección del déficit no es austeridad heroica. Es la lógica más antigua de todas: quien tiene menos, paga más.
Además, el PBI cayó en el segundo semestre de 2025, el tipo de cambio creció, y la inflación subió entre mayo y agosto. Los gastos cotidianos siguen golpeando: transporte al 3,6%, vivienda al 2,7%. Infobae El relato de la estabilización triunfante tiene más grietas de las que el discurso presidencial admite. Y la encuesta de AtlasIntel del 26 de febrero de 2026 certifica que la sociedad argentina lo está percibiendo: el 62% tiene una percepción negativa sobre la situación del país, el 50% cree que la economía empeorará en los próximos meses y el 55% anticipa un deterioro en el mercado laboral. El Economista
La descripción política que importa
Hay una pregunta que este análisis no puede —ni debe— responder con diagnóstico clínico: cuánto de la conducta de Milei es cálculo estratégico y cuánto es algo más difícil de nombrar con precisión. Los analistas más rigurosos han preferido no resolverlo. Fidanza habla de “carácter inestable” sin apostar por interpretaciones patologizantes. Pilar Molina, de la oficina de tutela pública de la Ciudad de Buenos Aires, lo formuló de otra manera: “Para una administración muy conservadora sin perspectiva de discapacidad, la salud mental se convierte en algo que debes demostrar, como si fuera un delito.” La metáfora es política, no clínica.
Y es la más precisa disponible.
La distinción entre cálculo y convicción importa menos de lo que parece cuando se evalúa el daño producido. Calculada o no, la pauta es la misma: agresión sistemática hacia los críticos, culpabilización de las víctimas, impunidad frente a las responsabilidades, daño documentado sobre los más vulnerables. La conductología del liderazgo puede esperar al historiador. El daño de las políticas no puede esperar a nadie.
Argentina es el laboratorio. El experimento está en marcha. Y las personas que pagan el precio no son cifras en un modelo económico: son jubilados sin medicamentos, jóvenes sin becas, personas con discapacidad a las que han cancelado sus pensiones, ahorristas que perdieron sus fondos siguiendo la recomendación del presidente, y una sociedad que lleva más de dos años construyendo estabilidad sobre la precariedad ajena.
Eso es lo que hay detrás del “estado mental paupérrimo” al que aludía Víctor Hugo Morales. No un diagnóstico. Una descripción política precisa.
Referencias:
- CIAS/Fundar (2025). Mapa de las Políticas Sociales en Argentina 2025. fund.ar
- AtlasIntel/Bloomberg (26.02.2026). Encuesta aprobación. El Economista.
- openDemocracy (28.11.2025). “In Milei’s Argentina, austerity economics manifests as a mental health crisis.”
- Bambysheva, N. (24.02.2026). Forbes Crypto Confidential.
- DATIP (2026). Peritaje caso $LIBRA. Citado en El Destape, 27.02.2026.
- Fidanza, E. (2024). Citado en Real Instituto Elcano, “Argentina: desconcierto e incertidumbre.”
- Infobae (02.03.2026). Discurso de Milei en el Congreso.
- MercoPress (14.02.2026). “Caso $Libra: un año del escándalo cripto.”
- Morales, V.H. (03.03.2026). Editorial La Mañana, Radio 750. Citado en Página 12.

Médico de urgencias hospitalarias con varias décadas en la trinchera. Escribe sobre medicina, filosofía y lo que queda cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.



