Trump bombardea Irán con el mismo lenguaje de libertad que usó la CIA en 1953 para derrocar a Mossadegh. La prensa mainstream fabrica consentimiento sin hacer las preguntas que importan. Un análisis de la vieja maquinaria que convierte las guerras en inevitables antes de que empiecen.

La prensa que fabrica guerras: Irán, el sha de Persia y la vieja maquinaria del consentimiento

Cuando las bombas caen sobre Teherán, los medios no cubren la guerra. La justifican. Y lo hacen con los mismos argumentos de siempre.


El 28 de febrero de 2026, mientras los primeros misiles Tomahawk cruzaban el espacio aéreo iraní, Donald Trump enviaba un mensaje al pueblo de Irán: “La hora de vuestra libertad ha llegado.” Benjamin Netanyahu, desde Tel Aviv, los instaba a “sacudirse el yugo de la tiranía.” Y los grandes medios de comunicación occidentales, casi sin solución de continuidad, empezaban a hacer lo que mejor saben hacer cuando hay una guerra que legitimar: construir el relato.

No es la primera vez. Y el guion, con variaciones menores, es el mismo desde hace setenta años.

La operación que lo explica todo

En agosto de 1953, la CIA y el MI6 británico ejecutaron la Operación Ajax: el primer golpe de Estado encubierto en tiempos de paz de la historia de los servicios de inteligencia estadounidenses. El objetivo era derrocar a Mohammad Mossadegh, primer ministro elegido democráticamente, que había cometido el crimen imperdonable de nacionalizar la Anglo-Iranian Oil Company —la actual BP— y con ella el petróleo iraní. La operación combinó sobornos a parlamentarios, periodistas comprados, manifestaciones artificiales y finalmente tanques. Mossadegh fue arrestado. El sha Mohammad Reza Pahlavi —indeciso, manipulable, prooccidental— asumió el poder absoluto que mantendría hasta 1979.

La operación consolidó la influencia occidental en Irán durante las décadas siguientes y se convirtió en uno de los factores clave que alimentaron el sentimiento antiimperialista y antiamericano en el país. No es un detalle menor: la revolución islámica de Jomeini, la toma de rehenes en la embajada estadounidense, cuarenta y cinco años de confrontación son, en buena medida, hijos directos de aquella intervención. La CIA intensificó entonces una campaña de propaganda que incluía periodistas en nómina y préstamos personales a propietarios de medios, según documentos desclasificados en 2013. Los medios que justifican una guerra raramente reconocen que están sembrando la siguiente.

Las justificaciones que cambian de semana en semana

Uno de los síntomas más reveladores de una guerra sin argumento sólido es la inestabilidad de sus justificaciones. La administración Trump ha exhibido en los últimos días un desfile de razones para atacar Irán que haría enrojecer a cualquier abogado medianamente competente.

Marco Rubio, secretario de Estado, explicó ante el Congreso que Estados Unidos se unió al ataque porque sabía que Israel iba a hacerlo de todas formas y había que proteger a las tropas estadounidenses en la región. Días después declaró que Estados Unidos no atacó por Israel sino porque el propio Trump “tomó una decisión.” La cobertura de CNN señalaba que la administración seguía cambiando su justificación: cambio de régimen, programa nuclear, amenaza de misiles balísticos, venganza por americanos muertos en Iraq, legítima defensa preventiva. Trump había afirmado durante meses que sus ataques de junio de 2025 ya habían “destruido” el programa nuclear iraní, lo que dejaba sin sustento el ataque actual. Pero nadie en los grandes medios preguntó en qué quedábamos.

El propio Trump llegó a declarar que la única razón para los ataques era “muy simple”: los iraníes no querían detener su programa nuclear. Esto ocurrió horas antes de que, según el ministro de Exteriores de Omán, un acuerdo estuviera “al alcance.” La guerra se lanzó cuando la diplomacia estaba más cerca que en años. Los medios lo reportaron. Pero la mayoría no preguntó por qué.

La respuesta incómoda es que, en ciertos momentos históricos, la prensa mainstream no es un contrapoder. Es parte del aparato que hace posible la guerra.

El consenso que se construye en tiempo real

Observar cómo los grandes medios cubrieron los primeros días de la “Operación Furia Épica” —así la bautizó el Pentágono, con ese amor por la grandilocuencia bélica que tanto revela— es un ejercicio instructivo en fabricación de consenso.

El primer instinto de la cobertura dominante fue encuadrar los ataques como respuesta a una “amenaza inminente.” El problema es que la afirmación de que Irán pronto tendría un misil capaz de alcanzar Estados Unidos no estaba respaldada por información de inteligencia real, según fuentes citadas por los propios medios que reproducían el marco oficial. La amenaza inminente era, en rigor, una proyección conveniente.

El segundo instinto fue la humanización del objetivo bélico. Trump habla de “libertad para el pueblo iraní”, Netanyahu de “sacudirse el yugo de la tiranía.” Los medios reproducen estas declaraciones y añaden contexto sobre la represión del régimen —que existe y es real— creando una ecuación implícita: dado que el régimen es malo, los bombardeos son buenos. Es la lógica que usó Tony Blair para Iraq en 2003. Funcionó entonces. Funciona ahora.

Lo que desaparece sistemáticamente de este encuadre son los civiles. Los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel mataron al menos a 555 personas según la Media Luna Roja iraní, incluyendo al menos 168 en una escuela primaria de niñas. CNN La Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas pidió que se investigara ese ataque. La cobertura mainstream lo mencionó, brevemente, antes de volver a la narrativa del cambio de régimen liberador.

El argumento intervencionista en su versión más sólida

Sería intelectualmente deshonesto ignorar que hay razones genuinas para tomarse en serio la intervención, más allá de la retórica de Trump y Rubio. El régimen de los ayatolás ejecutó a miles de manifestantes durante las protestas recientes. Ha reprimido durante décadas a la mitad de su población por razón de género. Ha financiado a grupos armados responsables de miles de muertes. Jamenei era un tirano y nadie debería fingir lo contrario.

La versión más sólida del argumento intervencionista sostiene que cuando un régimen alcanza cierto umbral de atrocidad, la comunidad internacional tiene no solo el derecho sino el deber de actuar. Que esperar a que los iraníes se liberen solos equivale a abandonarlos a una represión indefinida. Que la “injerencia” en los asuntos internos es un principio que convenientemente invocan quienes ya están a salvo de ser ejecutados por protestar.

Es un argumento que merece respeto intelectual. Y aun así no resiste el peso de la historia ni el análisis de los hechos disponibles.

Por qué la historia desmiente el relato liberador

El problema con la retórica de “libertad para el pueblo iraní” es que quien la pronuncia es Donald Trump, un presidente que simultáneamente ha desmantelado instituciones democráticas en su propio país, que ha atacado militarmente a siete países distintos en su segundo mandato, y cuya propia administración había prometido explícitamente no involucrarse en “guerras de cambio de régimen, guerras indefinidas, intervencionismo para construir la democracia.” La administración ha hecho poco por presentar un plan estratégico sustancial, o incluso una justificación consistente para ese objetivo. CNN La contradicción no era un detalle secundario: era el corazón del argumento.

El problema más profundo es estructural. Las intervenciones militares “liberadoras” de Estados Unidos en Oriente Medio tienen un historial documentado de producir el resultado contrario al declarado. Afganistán, Iraq, Libia. Y antes, la propia Irán de 1953: el golpe que derrocó a Mossadegh para “estabilizar” el país produjo veintisiete años de monarquía represiva seguidos de cuarenta y cinco de teocracia revolucionaria. Tras el restablecimiento del sha en 1953, se instaló una fuerte represión que décadas después llevaría al estallido de la revolución iraní de 1979. TRT EspañolQuienes sobreviven a los bombardeos estadounidenses e israelíes merecen que alguien se pregunte si este ciclo interminable los libera o los condena a otra vuelta de tuerca.

El historiador Max Boot, crítico de Trump, lo expresó con involuntaria lucidez: “Esta guerra es injustificada e ilegal. Eso no significa necesariamente que no tenga éxito.” Es una frase que resume perfectamente la posición de gran parte de la cobertura mainstream: el escepticismo sin consecuencias, la crítica que no cuestiona el marco, el periodismo que llega tarde y se queda corto.

La prensa capturada y la prensa que aún importa

No todos los medios son iguales. Hay diferencias entre el periodismo de investigación que señala las contradicciones de la administración y la prensa de trinchera que reproduce los comunicados del Pentágono con adjetivos patrióticos. El problema es que en los momentos de guerra, los que marcan la agenda son los segundos.

La operación de 1953 requería periodistas en nómina. La de 2026 no: basta con el ciclo de noticias en tiempo real, la dependencia de fuentes oficiales para acceder a información “exclusiva,” y la ecuación implícita de que cuestionar la guerra equivale a defender al régimen de los ayatolás. Es una trampa binaria que los medios deberían rechazar con más consistencia de la que están demostrando.

La pregunta que los medios no hacen

Setenta y tres años después de la Operación Ajax, la dinámica fundamental es la misma: una potencia exterior decide quién gobierna Irán, construye un relato que presenta la intervención como inevitable o incluso liberadora, y utiliza los medios —con más o menos sutileza— para fabricar el consentimiento. La diferencia entre 1953 y 2026 es que entonces se necesitaba pagar a los periodistas. Ahora basta con el ecosistema mediático tal como funciona.

La pregunta que la prensa debería hacerse, y rara vez hace, no es si la operación va según lo previsto. Es si alguien ha aprendido algo de las últimas siete décadas de intervenciones fallidas. Y, sobre todo, quién pagará el precio de la próxima ronda, cuando el régimen que emerja de estas ruinas resulte ser, una vez más, distinto de lo que prometían los discursos de madrugada desde la Casa Blanca.


Referencias

  • Wikipedia (2026). Ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán de 2026. es.wikipedia.org
  • Wikipedia (2026). Golpe de Estado en Irán de 1953. es.wikipedia.org
  • TRT Español (2024, 19 de agosto). El golpe de la CIA contra Mossadegh en Irán, germen de enemistad con EE.UU. trtespanol.com
  • CNN Español (2026, 3 de marzo). Cómo la guerra de Trump contra Irán podría tener éxito o salir desastrosamente mal.
  • CNN Español (2026, 28 de febrero). Trump lanza la campaña para un cambio de régimen en Irán que había prometido evitar.
  • CNN Español (2026, 2 de marzo). ¿Qué está pasando en la guerra de Estados Unidos con Irán?
  • Prensa Latina (2026, 1 de marzo). Justificación de Trump para atacar a Irán “muy simple”, dijo.
  • Treverton, G.F. (2026). The CIA succeeded in regime change in 1953 Iran – will Trump? USC Dornsife / The Conversation.
  • Abrahamian, E. (2013). The Coup: 1953, the CIA and the Roots of Modern US-Iranian Relations. The New Press.

Previous post La patria de quita y pon: PP, Vox y el día que Trump rompió el relato
Mapa de Europa con flechas bidireccionales representando flujos migratorios entre España, Italia y el resto del mundo Next post El espejo italiano que Vox no quiere mirar